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El último

Por Ángela García Sempio , de 2°B «Silencio. Mi raza se ha acabado. Mi familia está muerta. Mis amigos también. No hay presas ni predadores. Solo estoy yo. Soy mi única esperanza. Y también mi único verdugo.» Desperté con el sonido que me había estado acechando durante las últimas semanas. El silencio. El saber que no hay vida. El saber que estás solo. Tenía hambre. Hacía tiempo que no comía. No había peces en el agua. No había nada en ese mar de soledad. El agua que antes corría fría por la llamada Antártida era ahora caliente, tanto que llegaba a quemarte. La cantidad de los nuestros que habían muerto a causa de esa agua contaminada era descomunal. Nos íbamos a extinguir. Estaba a punto de pasar. Después de todas las cosas que pasamos. De haber sobrevivido a los incontables ataques por parte de los humanos con su líquido negro. Dolía. No, no dolía, ardía. Después de haber sobrevivido a los ataques de tantos depredadores que incansablemente luchaban para arrebatarno...

La noche eterna

Por Alanis Carreño Enis , de 2°B Me golpearon con un palo para tirarme al océano. Y eso dolió, como lo que le están haciendo a mi hogar. Yo solo había salido del agua inocentemente para tomarme un breve descanso, pero ellos me lo impidieron. Apenas pisé tierra firme los vi: eran esas extrañas criaturas lampiñas y sin aletas, que siempre andan merodeando por aquí. Aunque nunca había visto ese grupo de… ¿Cómo es que los llaman mis amigos? Ah, sí, “Humanos”. Supuse que estaban con los que vienen con instrumentos raros y toman muestras del suelo. Ellos me agradan. Cuando me encuentran, generalmente me rascan la cabeza y dejan que los acompañe a la puerta de su casa. No viven muy lejos de donde yo estoy ahora. Estarán a unos veinte minutos nadando desde aquí. Sin embargo, al ver que este grupo de desconocidos Humanos extraían un líquido negro y viscoso desde las entrañas de la Tierra supe que no eran los mismos que viven en esa cueva de madera. Antes de que me tirar...

Blancas reflexiones

Por María Florencia Lorenzo , de 2°A Volvía a caminar por esas blancas y desérticas tierras, desconocidas por muchos pero para mí, un desafío existencial que ronda en mi mente y no para hasta descubrir esos misteriosos suelos, ya era mi segunda vez explorando el lugar y seguía maravillándome con cada cosa que encontraba aquí, no dejaba de sorprenderme esta región. Por eso me encontraba allí, soportando el clima polar de los -89°c, solo para poder presenciar lo que casi ninguna persona podría ver en su vida, cantidad excesiva de blanca nieve, poca fauna y belleza, pura belleza creada por la madre naturaleza. Las ventiscas y el frío no ayudaban mucho en mi exploración, pero no niego que sentía una adoración hacia ese clima, por eso volvía siempre. Era una persona afortunada y mucho, no todos podían cruzar por ese inhóspito e inaccesible lugar que casi nadie habita, solo varios animales como el pingüino con su traje elegante, la simpática foca, el encantador oso polar y el...